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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Azt gondoltam eső esik

Szerelem szerelem

Gold, Silver or Love

Hidegen Fújnak a Szelek

BULGARIAN MELODY

Tavasz Tavasz

Hindi Lullabye

Bújdosódal

Vetettem violát

Devoiko Mome

Márta Sebestyén

Márta Sebestyén ( Budapest, 19 de agosto de 1957) es una de las principales voces de la música folclórica de Hungría. Ha trabajado durante más de 25 años con la banda de música tradicional Muzsikás, y también en otros muchos proyectos, que le hicieron famosa más allá de los límites de su tierra. Participó en una ópera rock en años 80, y consiguió un Oscar por la banda sonora de la película “El paciente inglés”. No solamente ha preservado y reavivado la música húngara que se estaba perdiendo, sino también a sentir un orgullo magyar, un revulsivo contra la dominación soviética.

Marta creció entre canciones en húngaro que ella oía en casa a su madre, Ilona Farkas, una etnomusicóloga que estudió con el compositor Zoltán Kodály, quien al igual que Béla Bártok había recopilado miles de canciones populares, muchas de Transilvania donde sobrevivieron las expresiones más puras del folclore húngaro. De los viajes de su madre, y de los suyos propios, a pueblos y aldeas de Transilvania le quedó un profundo recuerdo.

Fue la inspiración para las nuevas generaciones de la música folk, y durante los años 90 era corriente observar en Budapest a los jóvenes bailar las danzas tradicionales, o en los cafés y salones y bailes.

Su álbum “Puedo ver las puertas del cielo”, quizás sea uno de sus discos más personales y distintivos, con una magnífica interpretación de la música de Hungría, canciones tanto religiosas como seculares. Una de estas canciones, la oración que cierra el disco, melodía utilizada en la liturgia, fue el himno que cantó Márta en el funeral de su padre en la pequeña iglesia de su aldea natal, Csempeskopács, en la parte occidental del país. “Ahí es donde quiso ser enterrado, y que podía decirle las últimas palabras con esta canción. Para nosotros era muco más que una canción”.

Muzsikás (músicos del pueblo) se convirtieron con el tiempo en referentes indispensables de la música húngara. Su disco The Bartók Album (1999), con Sebestyén y Alexander Balanescu, es un homenaje al compositor que recorría los Cárpatos con unos cuadernos en los que transcribía las melodías. En Kismet (1996), que firma Márta Sebestyén con arreglos de Nikola Parov, hay canciones rusas, griegas, búlgaras. Hindi Lullabye pone de relieve, por su parte, la conexión entre la India y los gitanos de Rumania.
Fuentes:

http://www.spinner.com/2010/01/12/the-voice-of-hungary-marta-sebestyen-finds-even-deeper-meaning/

Wikipedia

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Ierginkn ambel a (Cielo nublado)

ANDUNI (Sin hogar)

ARMENIAN HOLY MASS

Hov Areq Sarer Jan

SHUSHIKI

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Jessica

Soulshine

Midnight Rider

Blue Sky

Whipping Post – Fillmore East – 09/23/1970

Dreams

In Memory of Elizabeth Reed – 1970

Statesboro Blues

Melissa

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Shadowplay

Into the Grove,

composición de Robert Linton con  Eugene Friesen al violonchelo

Fuimos

con Mili Bermejo, voz, y Tim Ray al piano

Metaphysical soup

de Jim Matheos; violonchelo: Eugene Friesen

Love Dogs,

Poema de Rumi, leído por Coleman Barks

The Poetry of Kabir

leído por Robert Bly

Chaos,

de Matt Millecchia

Along the Fenway, parte 1

con Laura Siersema, voz

Along the Fenway, Parte 2

Icarus,

con el Paul Winter Consort

Eugene Friesen

El violonchelista Eugene Friesen ha formado parte del Paul Winter Consort desde 1978, realizando multitud de interpretaciones en directo, creando una voz diferente entre los violonchelistas. En sus manos el violonchelo se libera del cerrado campo de la música clásica y emerge como un instrumento con gran poder de expresión.

Friesen, hijo de emigrantes rusos nacido en Kansas en 1952, destacó de pequeño con el violonchelo más que con el piano en su educación clásica, y tras las lógicas influencias juveniles del rock se dejó seducir por el jazz y las músicas del mundo para construir un mundo propio en base al violonchelo, un lenguaje musical no sólo agradable sino definitivamente vital, que puso en práctica en trabajos en solitario tan interesantes como “Arms around you”.


Basándose en las grandes obras clásicas de la música occidental, con influencias de la música popular y étnica, Eugene utiliza el violonchelo para crear una música muy personal.

Fue en 1973 cuando se reunió por primera vez con Paul Winter en un taller de música. Quedó Paul tan impresionado de este joven chelista que cinco años después, ya graduado en la Yale School of Music, fue invitado a formar parte de su Consort. Desde entonces ha estado en continua gira y grabando discos con el Paul Winter Consort, con el que ganó un Grammy en 1994 y otro en 1995, y ha grabado varios discos para el sello Winter’s Living Music.

Ha dado conciertos por toda Europa, Japón, Brasil, Estados Unidos y Canadá. Su “Réquiem por la Tierra” se estrenó en la Universidad de Connecticut en 1991, y donde hace una denuncia de los daños causados a los ecosistemas terrestres.

Es regularmente invitado a dar conferencias y participar en simposios internacionales, animando a los jóvenes a crear su propia música.

El primer disco en solitario de Eugene Friesen, “New friend”, se nutría de improvisaciones entre jazz y música de cámara grabadas junto a Paul Halley en la catedral de Nueva York, en la que este último era organista. Tres años después, “Arms around you” es un trabajo más amplio de influencias y colaboraciones. En él, este instrumento de cuerda frotada que en el siglo XX había vuelto a cobrar protagonismo gracias a intérpretes como Pau Casals o Rostropovich, tiene su momento de importancia también en las Nuevas Músicas, de mano de este intérprete que, de pequeño, “soñaba con hacer algún día algo salvaje, hermoso, personal y único con el chelo”. Aunque le falte un poco de profundidad (creo que la esencia de Friesen se disfruta realmente en directo, tanto con partitura como improvisando), posiblemente lo consiguiera con “Arms around you”.
“Nunca antes he visto a un músico tocar el violonchelo con tanta furia y virtuosismo. Un torbellino … increíble.” (El Heraldo de Aragón, España)

Fuentes: http://solsticiodeinvierno.blogspot.com/2008/04/eugene-friesen-arms-around-you.html

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Odd Poetry

L’Ange Aveugle (El ángel ciego)

Wind and Shadows

Saaba

MIEL ET CENDRES

Suraj

A Kind of LOVE

Woodtalk

Yabay

Dhafer Youssef Quartet

Dhafer Youssef – Vocal & Oud / Tigran HAMASYAN – Piano / Chris Jennings – bajo / Mark Guiliana – Batería

El cantante e intérprete de oud inspirado en la música tunecina, emigró a Viena y París, Dhafer Youssef crea una música poética y profunda, que se mueve dentro del jazz y de la música electrónica sufí.

Nació en una pequeña ciudad costera de Túnez en el año 1970. Un niño que camina por la playa en una costa desierta buscando lo que el azar le ofrezca: una red rota para pescar, latas de sardina desechadas; radios de bicicletas viejas. Su corazón y su mente están llenas de música y de juegos. Entre tanto, su padre se las ingenia para hacer la comida para él y sus siete hermanos. No disponen de dinero para clases de música y mucho menos para comprar un instrumento. Así que Dhafer hace su propio oud, el laúd tradicional oriental, utilizando todo lo que puede encontrar.

Sólo hay que escuchar el primer minuto del hermoso álbum “Digital Prophecy” para sentir la pasión de esta música. Aquel pequeño nacido en una pequeña ciudad de Túnez sigue vivo.


El joven Dhafer hizo lo que se esperaba de él: prendió en la escuela coránica tradicional, pero al mismo tiempo escuchaba música en la radio, la única fuente de entretenimiento en la ciudad. “Todo era música, era todo lo que sabía”, dice Dhafer. “Yo no sabía lo que era la música clásica de jazz. Sólo música” Con su oud de fabricación casera aprendió a tocar de oído.

Un día, un amigo volvió de un viaje con una guitarra eléctrica, un juguete para su sobrino. Le pidió prestado el juguete durante una semana, al mismo tiempo que anhelaba tener en sus manos el instrumento que necesitaba. Cuando mi amigo me dejó la guitarra “ estuve varios días sin dormir, el tiempo era demasiado valioso.”

Empezó a ganar algo de dinero cantando en bodas, lo que le permitió ahorrar para comprarse el oud, por un precio equivalente a los 100 euros. Esto fue muy mal visto por amigos y familiares: “ Dios te ha dado voz, tienes que cantar”.

Pero Dhafer se había enamorado del sonido del instrumento. Era el sonido de sus raíces, del país que le vio nacer. “Si yo hubiera nacido en África habría sido percusionista. En Nueva York, saxofonista, Pero nací en Túnez, así que toco el oud. Si hubiera sido criado cerca de un piano tal vez lo hubiera tocado, pero en realidad nunca vi un piano hasta que no fui a Viena cunado tenía 19 años.”

Viena le da la oportunidad de estudiar música. “Hice todo lo posible para ganar dinero. Lavaba platos, limpiaba ventanas, trabajé como camarero italiano, aunque no lo era. Hice de todo por la música. Pero por entonces no sabía leer una partitura. Escuché mucha música: jazz, clásica, cualquier cosa. Me encontré con un intérprete de viola llamado Tony Burger, que con paciencia me ayudó a escribir mi música, y tocábamos juntos durante horas. Luego me uní al percusionista Jatinder Thakur, que me introdujo en la música india. Este fue un gran descubrimiento, también me enamoré de su sonido. Parecía tan cerca de mi alma, que tocaba con él todos los días.”

En Viena seguía trabajando para sobrevivir. Pero fue uno de los momentos más hermosos de mi vida. Fue un sueño hecho realidad: creaba mi propia música, dando vida a los colores de mi alma, tocando música para el teatro, con personas como el acordeonista Otto Lechner”.

Me llegó una oportunidad increíble. El club de jazz Porgy&Bess de Viena me dio carta blanca para hacer lo que quisiera, una noche al mes durante doce meses. Un proyecto cada mes. Podía invitar a cualquier persona que yo quisiera para tocar conmigo. Así que pensé, ¿por qué no?. Y llamé a todos músicos que yo admiraba en el mundo: Iva Bittová, Peter Herbert, Renaud García Fons y Christian Muthpiel, entre otros”.

Fue un gran éxito, e hice en nueve meses lo que no habría hecho en diez años. Hacía algo diferente cada mes y en cada concierto, y la gente me preguntaba acerca de esta música. A veces las cosas iban tan bien que una actuación de una noche no era suficiente y nos íbamos al estudio a grabar. Así surgió el primer álbum, “Malak”.

“Después de esta experiencia, pensé en volver a África en busca de mis raíces, pero después de un tiempo sentí que mi casa estaba en Europa. Enja quería otra grabación mía, así que nos fuimos a Nueva York por un tiempo y grabamos “Electric Sufi”, con un grupo en el que se encuentran Dieter Ilg, Markus Stockhausen y Doug Wimbish.”

El mundo está empezando a tomar nota de la cautivadora voz de Dhafer, la intensidad de sus interpretaciones, y pensó en la posibilidad de establecerse en Nueva York.

Pero ocurrieron los sucesos del 11 de septiembre y pensé que mi lugar estaba en París”.

Empecé a tocar más en Noruega. Nils Molvaer me invitó a tocar con él, y con el cantante Anneli Drecker”. Esto le llevaría a su tercer disco, “Digital Prophecy”. Es un disco muy espiritual, en el que se incorporan los paisajes escandinavos, el mundo de la música noruega, plasmado en la interpretación de Eivind Aarset a la guitarra, el batería Rune Arnesen, Bugge Wesseltoft a los teclados y Dieter Ilg al bajo. “Me encanta tocar con los músicos del Norte. Son más africanos que algunos africanos y son una fuente de inspiración para mí”.

La banda de Dhafer es una importante banda de jazz electrónico de Noruega. Eivind Aarset, uno de los mejores guitarristas del mundo, es muy conocido por los ambientes que crea. La banda se completó con el trompetista Arve Henriksen, cuya forma de tocar la trompeta y hacer sonar su voz, confunden a músicos y público por igual.

Yo soy el único que no habla noruego”, dice Dhafer, “pero nuestros conciertos en conjunto es algo imprevisible sobre el escenario. Son seres humanos, sencillamente grandes, que compartimos la vida: viajes, una buena comida, las esperas, etc.”
Entre sus discos destaca “Malak” de 1998, “Electric Sufi”, de 2001, “Digital Prophecy”, de 2003 y “Divina Shadws” de 2006. Su último disco, “Abu Nawas Rhapsody”, es un regreso a las fuentes acústicas, para lo cual ha reunido a músicos como el pianista armenio Tigran HAMASYAN y al bajista canadiense Mark GULIANI.
Fiona Talkington – Periodista, DJ y presentador, Late Junction, BBC Radio 3

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Hay una descoordinación en la numeración de las partes del ballet que aparecen en Youtube, ya que se indican 7 partes, pero no aparecen las dos últimas, y en otro lugar se dice de 8, donde parecen completarse las restantes. Hemos adoptado esta última numeración.

Parte 1/8

Parte 2/8

Parte 3/8

Parte 4/8

Parte 5/8

Parte 6/8

Parte 7/8

Parte 8/8

Sergéi Prokófiev: Iván el Terrible

(Chulaki)

Coreografía: Yuri Grigorovich. Música: Sergei Prokofiev. Intérpretes: Irek Mukhamedov, Natalya Bessmertnova, Gediminas Taranda. The Bolshoi Theatre Ballet. Dirección musical: Algis Zhuraitis. Children´s Choir of the Bolshoi Theatre & The Bolshoi Theatre Orchestra. Live, Bolshoi Theatre (1990).


En 1973, el compositor Mijail Chulaki y el coreógrafo Yuri Grigorovich, basándose en la película de Prokofiev, crean el ballet titulado Iván el Terrible, que se estrena en 1975. Se revisa el trabajo instrumental de la música de Prokofiev, que en el ballet resulta muy evocadora, incluyéndose arreglos de otras piezas musicales del compositor.

El ballet comienza con la coronación de Iván IV, que ya presenta conflictos desde el principio por su enfrentamiento a los boyardos. Si bien derrota a los tártaros, necesita de los boyardos para mantenerse en el trono. Su recuperación tras un periodo de enfermedad, Iván se reafirma en el trono.

En el Acto II, la esposa de Iván, Anastasia, es objeto de una conspiración por parte de los boyardos, que juegan con sus emociones cuando el anterior amor de Anastasia, el conde Kurbski, le presenta una copa que contiene veneno. Pero Kurbski tiene que huir a Polonia para refugiarse. Iván va consolidando su posición en el poder y asume el título de zar, la suprema autoridad Imperial de toda Rusia.

El guión por tanto, sigue la película de Eisenstein, se establece un nuevo contexto de la música de Prokofiev. Aunque hay un nuevo contexto, no se cambian las intenciones iniciales de Prokofiev, que que se utiliza para ilustrar la misma historia. En la creación de este pastiche, Chulaki adaptó la música del cine y eliminó las partes vocales, incorporando música instrumental de otras obras de Prokofiev. Sin embargo, es fiel a la partitura original de compositor. Se diferencia de otros pastiches del siglo XIX en que el sentido para el que fue creado la música cambia en el nuevo espectáculo creado. De hecho, son grandes los esfuerzos de Grigorovich para mostrar que la sugerente música de Prokofiev se adapta muy bien a la danza. Si bien las imágenes entre la película y el ballet so distintas, las asociaciones son eficaces. Es un claro ejemplo de como se puede adaptar una obra creada para un medio y trasladada a otro.

Uno de los pasajes más elocuentes del ballet es la descripción de los esfuerzos de Iván para el control del país, es la escena del “Oprichniks” del acto segundo. La coreografía de Grigorovich presenta el papel de Iván en su control mediante la policía secreta para el control, en última instancia, de los boyardos.

James L. Zychowicz
Madison, Wisconsin,

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Millenia

Zebra Crossing

Imbube

Miljoen

Visita al parque Kruger,

acompañada de un tema de Soweto String Quartet, de su disco Millenia

Victory,

de la película Invictus

http://209.85.229.132/search?q=cache:_YGt9SIs300J:afrocubanlatinjazz.blogspot.com/2009/12/soweto-string-quartet-zebra-crossing.html+soweto+string+quartet&cd=12&hl=es&ct=clnk&gl=es

XABIER REKALDE

MADRID.- La cultura de Sudáfrica es un revoltillo de colores, un pandemónium de modelos acarreados por pueblos visitantes que se quedaron y se disputaron la tierra que había sido de los khoi-san, o sea de los bosquimanos y hotentotes, a quienes arrinconaron en el Namib, Kalahari y los baldíos pedregosos de la zona noroccidental. Los zulú, xhosa, tswana, sotho, ingleses, boers e hindúes son los ciudadanos de hoy en la República de Mandela, junto a los muchos que han salido de todos los posibles cruces. Y cada grupo ha ido colocando su trazo en un ventanal desorientado que aún sigue sin definir, aglutinando como puede todos los elementos.

En la música también se nota el amasijo. «Somos una mezcla del primer y tercer mundo», dice Reuben Khemese, el chelista del Soweto String Quartet. «Somos mezcla, pero hemos perdido las raíces». Puede que sea el intento de recuperarlas un poco el que les conduzca a alimentar su repertorio con piezas kwela, mpaqanga o evocaciones rítmicas zulú, aunque se tratara ya en origen de corrientes mestizas, incrustadas de elementos jazzísticos, rockeros, del folclore europeo, del espiritual, y ahora del culto clásico.

«Es importante preservar esta música para las próximas generaciones, la de los 50 (kwela), la de los 60 (mpaqanga). Queremos capturar todas las formas musicales, porque lo que nosotros hacemos es una ensalada africana, música global».

La novedad de este grupo está en su propia formación: un cuarteto de cuerda que interpreta música popular y pertenece a una cultura que no ha utilizado violines para este menester, al contrario que los irlandeses o gitanos, chinos o árabes, y aunque en otras latitudes podamos encontrar un violín africano de características primarias. «Vivimos en una sociedad moderna -explican- y en ella hay violines. Mi tío fue el primer violinista de Soweto, estuvo en la Real Escuela de Música, y abrió una escuela de violines. Nosotros somos sus primeros alumnos».

El área cultural de la región austral africana ha sido la más afectada en sus contenidos, y anda reconstruyendo su identidad con los restos de las muchas que se amontonan, difusas, en su territorio. Será de aluvión la opción modernizadora, pero muchos pretenden recuperar los rasgos de cada uno de los grupos sociales.

Estos cuatro hombres insisten en explicar que las cosas están cambiando, y si antes pocos se atreverían a tocar un violín en las calles de un «township», ahora es diferente. «Tenemos un nuevo orden. Todo el país se está reconstruyendo». Y el papel que ellos se han asignado es muy ambicioso: «Somos los embajadores de la música africana en el mundo».

El Cuarteto de Cuerda de Soweto se ha curtido con el repertorio clásico, que sigue practicando «para no perder la técnica», pero ahora sus alegrías están producidas por los premios que les han entregado en su país y en Australia y por la aventura de su gira europea que, en noviembre, les acercará a la península. Mientras tanto aquí han dejado un álbum titulado Zebra Crossing, muy digestivo, de factura irregular y que recupera los ritmos de las poblaciones negras urbanas, hace incursiones poco felices en el funky y la bossa, revisa para el salón alguna pieza de la tradición zulú que nació para recordar la aventura unificadora de Shaka, y termina con el que fue himno del CNA, y ahora es uno de los oficiales en la República sin apartheid, Nkosi Sikeleli Africa.

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