Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Jazz’

Odd Poetry

L’Ange Aveugle (El ángel ciego)

Wind and Shadows

Saaba

MIEL ET CENDRES

Suraj

A Kind of LOVE

Woodtalk

Yabay

Dhafer Youssef Quartet

Dhafer Youssef – Vocal & Oud / Tigran HAMASYAN – Piano / Chris Jennings – bajo / Mark Guiliana – Batería

El cantante e intérprete de oud inspirado en la música tunecina, emigró a Viena y París, Dhafer Youssef crea una música poética y profunda, que se mueve dentro del jazz y de la música electrónica sufí.

Nació en una pequeña ciudad costera de Túnez en el año 1970. Un niño que camina por la playa en una costa desierta buscando lo que el azar le ofrezca: una red rota para pescar, latas de sardina desechadas; radios de bicicletas viejas. Su corazón y su mente están llenas de música y de juegos. Entre tanto, su padre se las ingenia para hacer la comida para él y sus siete hermanos. No disponen de dinero para clases de música y mucho menos para comprar un instrumento. Así que Dhafer hace su propio oud, el laúd tradicional oriental, utilizando todo lo que puede encontrar.

Sólo hay que escuchar el primer minuto del hermoso álbum “Digital Prophecy” para sentir la pasión de esta música. Aquel pequeño nacido en una pequeña ciudad de Túnez sigue vivo.


El joven Dhafer hizo lo que se esperaba de él: prendió en la escuela coránica tradicional, pero al mismo tiempo escuchaba música en la radio, la única fuente de entretenimiento en la ciudad. “Todo era música, era todo lo que sabía”, dice Dhafer. “Yo no sabía lo que era la música clásica de jazz. Sólo música” Con su oud de fabricación casera aprendió a tocar de oído.

Un día, un amigo volvió de un viaje con una guitarra eléctrica, un juguete para su sobrino. Le pidió prestado el juguete durante una semana, al mismo tiempo que anhelaba tener en sus manos el instrumento que necesitaba. Cuando mi amigo me dejó la guitarra “ estuve varios días sin dormir, el tiempo era demasiado valioso.”

Empezó a ganar algo de dinero cantando en bodas, lo que le permitió ahorrar para comprarse el oud, por un precio equivalente a los 100 euros. Esto fue muy mal visto por amigos y familiares: “ Dios te ha dado voz, tienes que cantar”.

Pero Dhafer se había enamorado del sonido del instrumento. Era el sonido de sus raíces, del país que le vio nacer. “Si yo hubiera nacido en África habría sido percusionista. En Nueva York, saxofonista, Pero nací en Túnez, así que toco el oud. Si hubiera sido criado cerca de un piano tal vez lo hubiera tocado, pero en realidad nunca vi un piano hasta que no fui a Viena cunado tenía 19 años.”

Viena le da la oportunidad de estudiar música. “Hice todo lo posible para ganar dinero. Lavaba platos, limpiaba ventanas, trabajé como camarero italiano, aunque no lo era. Hice de todo por la música. Pero por entonces no sabía leer una partitura. Escuché mucha música: jazz, clásica, cualquier cosa. Me encontré con un intérprete de viola llamado Tony Burger, que con paciencia me ayudó a escribir mi música, y tocábamos juntos durante horas. Luego me uní al percusionista Jatinder Thakur, que me introdujo en la música india. Este fue un gran descubrimiento, también me enamoré de su sonido. Parecía tan cerca de mi alma, que tocaba con él todos los días.”

En Viena seguía trabajando para sobrevivir. Pero fue uno de los momentos más hermosos de mi vida. Fue un sueño hecho realidad: creaba mi propia música, dando vida a los colores de mi alma, tocando música para el teatro, con personas como el acordeonista Otto Lechner”.

Me llegó una oportunidad increíble. El club de jazz Porgy&Bess de Viena me dio carta blanca para hacer lo que quisiera, una noche al mes durante doce meses. Un proyecto cada mes. Podía invitar a cualquier persona que yo quisiera para tocar conmigo. Así que pensé, ¿por qué no?. Y llamé a todos músicos que yo admiraba en el mundo: Iva Bittová, Peter Herbert, Renaud García Fons y Christian Muthpiel, entre otros”.

Fue un gran éxito, e hice en nueve meses lo que no habría hecho en diez años. Hacía algo diferente cada mes y en cada concierto, y la gente me preguntaba acerca de esta música. A veces las cosas iban tan bien que una actuación de una noche no era suficiente y nos íbamos al estudio a grabar. Así surgió el primer álbum, “Malak”.

“Después de esta experiencia, pensé en volver a África en busca de mis raíces, pero después de un tiempo sentí que mi casa estaba en Europa. Enja quería otra grabación mía, así que nos fuimos a Nueva York por un tiempo y grabamos “Electric Sufi”, con un grupo en el que se encuentran Dieter Ilg, Markus Stockhausen y Doug Wimbish.”

El mundo está empezando a tomar nota de la cautivadora voz de Dhafer, la intensidad de sus interpretaciones, y pensó en la posibilidad de establecerse en Nueva York.

Pero ocurrieron los sucesos del 11 de septiembre y pensé que mi lugar estaba en París”.

Empecé a tocar más en Noruega. Nils Molvaer me invitó a tocar con él, y con el cantante Anneli Drecker”. Esto le llevaría a su tercer disco, “Digital Prophecy”. Es un disco muy espiritual, en el que se incorporan los paisajes escandinavos, el mundo de la música noruega, plasmado en la interpretación de Eivind Aarset a la guitarra, el batería Rune Arnesen, Bugge Wesseltoft a los teclados y Dieter Ilg al bajo. “Me encanta tocar con los músicos del Norte. Son más africanos que algunos africanos y son una fuente de inspiración para mí”.

La banda de Dhafer es una importante banda de jazz electrónico de Noruega. Eivind Aarset, uno de los mejores guitarristas del mundo, es muy conocido por los ambientes que crea. La banda se completó con el trompetista Arve Henriksen, cuya forma de tocar la trompeta y hacer sonar su voz, confunden a músicos y público por igual.

Yo soy el único que no habla noruego”, dice Dhafer, “pero nuestros conciertos en conjunto es algo imprevisible sobre el escenario. Son seres humanos, sencillamente grandes, que compartimos la vida: viajes, una buena comida, las esperas, etc.”
Entre sus discos destaca “Malak” de 1998, “Electric Sufi”, de 2001, “Digital Prophecy”, de 2003 y “Divina Shadws” de 2006. Su último disco, “Abu Nawas Rhapsody”, es un regreso a las fuentes acústicas, para lo cual ha reunido a músicos como el pianista armenio Tigran HAMASYAN y al bajista canadiense Mark GULIANI.
Fiona Talkington – Periodista, DJ y presentador, Late Junction, BBC Radio 3

Anuncios

Read Full Post »

Millenia

Zebra Crossing

Imbube

Miljoen

Visita al parque Kruger,

acompañada de un tema de Soweto String Quartet, de su disco Millenia

Victory,

de la película Invictus

http://209.85.229.132/search?q=cache:_YGt9SIs300J:afrocubanlatinjazz.blogspot.com/2009/12/soweto-string-quartet-zebra-crossing.html+soweto+string+quartet&cd=12&hl=es&ct=clnk&gl=es

XABIER REKALDE

MADRID.- La cultura de Sudáfrica es un revoltillo de colores, un pandemónium de modelos acarreados por pueblos visitantes que se quedaron y se disputaron la tierra que había sido de los khoi-san, o sea de los bosquimanos y hotentotes, a quienes arrinconaron en el Namib, Kalahari y los baldíos pedregosos de la zona noroccidental. Los zulú, xhosa, tswana, sotho, ingleses, boers e hindúes son los ciudadanos de hoy en la República de Mandela, junto a los muchos que han salido de todos los posibles cruces. Y cada grupo ha ido colocando su trazo en un ventanal desorientado que aún sigue sin definir, aglutinando como puede todos los elementos.

En la música también se nota el amasijo. «Somos una mezcla del primer y tercer mundo», dice Reuben Khemese, el chelista del Soweto String Quartet. «Somos mezcla, pero hemos perdido las raíces». Puede que sea el intento de recuperarlas un poco el que les conduzca a alimentar su repertorio con piezas kwela, mpaqanga o evocaciones rítmicas zulú, aunque se tratara ya en origen de corrientes mestizas, incrustadas de elementos jazzísticos, rockeros, del folclore europeo, del espiritual, y ahora del culto clásico.

«Es importante preservar esta música para las próximas generaciones, la de los 50 (kwela), la de los 60 (mpaqanga). Queremos capturar todas las formas musicales, porque lo que nosotros hacemos es una ensalada africana, música global».

La novedad de este grupo está en su propia formación: un cuarteto de cuerda que interpreta música popular y pertenece a una cultura que no ha utilizado violines para este menester, al contrario que los irlandeses o gitanos, chinos o árabes, y aunque en otras latitudes podamos encontrar un violín africano de características primarias. «Vivimos en una sociedad moderna -explican- y en ella hay violines. Mi tío fue el primer violinista de Soweto, estuvo en la Real Escuela de Música, y abrió una escuela de violines. Nosotros somos sus primeros alumnos».

El área cultural de la región austral africana ha sido la más afectada en sus contenidos, y anda reconstruyendo su identidad con los restos de las muchas que se amontonan, difusas, en su territorio. Será de aluvión la opción modernizadora, pero muchos pretenden recuperar los rasgos de cada uno de los grupos sociales.

Estos cuatro hombres insisten en explicar que las cosas están cambiando, y si antes pocos se atreverían a tocar un violín en las calles de un «township», ahora es diferente. «Tenemos un nuevo orden. Todo el país se está reconstruyendo». Y el papel que ellos se han asignado es muy ambicioso: «Somos los embajadores de la música africana en el mundo».

El Cuarteto de Cuerda de Soweto se ha curtido con el repertorio clásico, que sigue practicando «para no perder la técnica», pero ahora sus alegrías están producidas por los premios que les han entregado en su país y en Australia y por la aventura de su gira europea que, en noviembre, les acercará a la península. Mientras tanto aquí han dejado un álbum titulado Zebra Crossing, muy digestivo, de factura irregular y que recupera los ritmos de las poblaciones negras urbanas, hace incursiones poco felices en el funky y la bossa, revisa para el salón alguna pieza de la tradición zulú que nació para recordar la aventura unificadora de Shaka, y termina con el que fue himno del CNA, y ahora es uno de los oficiales en la República sin apartheid, Nkosi Sikeleli Africa.

*********************************

Read Full Post »

C’era Una Strega, C’era Una Fata

Radici – HER CAB

Villanella,

Gianluigi Trovesi con Paolo Daminai

L’Arpeggiata & Gianluiji Trovesi : Folia

Euridice-profumo di violetta-Gianluigi Trovesi

Mazurcazione-Colline-Tesi,Trovesi,Vaillant

Read Full Post »

Dreams

Brother wind, con Manu Katché

Ragas & Sagas, con Ustad Fateh Ali Khan

La montaña mágica

con Peter Erskine

Jan Garbarek

El saxofonista noruego Jan Garbarek empezó en el año 1962, año en el que ganó un concurso de jazz para aficionados, y a partir de ahí comenzaron sus primeras actuaciones. Desde entonces dio conciertos por toda Noruega, como solista o como acompañante de George Russell, que por aquella época se encontraba en Escandinavia, y lo estaría por bastante tiempo.

Empezó a grabar para ECM a principios de los años 70, y aunque tuvo oportunidades para tocar con Chick Corea y Don Cherry, se unió al cuarteto de Keith Jarret, a mediados de los años 70, lo cual le hizo famoso. Su nombre se asocia con el nacimiento de un sonido original en el jazz europeo.

En la década de los 80 incluía como bajista a Eberhard Weber, en otras ocasiones a los guitarristas Bill Frisell y David Torn. El sonido de Garbarek ha cambiado muy poco desde la década de los 70, colaborando con el Hilliard Ensemble, un cuarteto vocal que interpreta música del Renacimiento, en 1993, y con los que grabó un disco que se hizo extraordinariamente popular, d e forma sorprendente.

En 1995 vino el disco “Mundo visible”, y cuatro años más tarde resurgió con “Ruitos”. En abril de 1999, Garbarek y el Hilliard Ensemble volvieron a grabar, y el resultado fue el disco Mnemosyne.

El tono de sus interpretaciones es claro, un tanto ascético, y puro. Los temas de sus composiciones son el norte y la naturaleza, el canto y el misterio, lo que llama Garbarek sus orígenes y que con su herencia irrefutable. Con una fuerte influencia del folklore noruego, también nos recuerda la música brasileña y asiática, de las que también bebe.

El origen de toda la música dice estar en el canto, que se hace sentir en muchas de sus composiciones, poniendo especial énfais en la melodía y en una articulación clara de las líneas melódicas, que suenan de una forma inconfundible. “En mis mejores momentos espero dar sentido a cada nota”, dice Garbarek.

En medio de una melodía oscilante surge el saxofón de Garbarek, manteniéndola en alto, controlada. Su forma de tocar al unísono con el contrabajo de Eberhard Weber dan a las canciones en ocasiones el brillo de un himno. Música tranquila y madura, ajena a toda moda y a las cuestiones de sólo puro estilo, a la búsqueda siempre de nuevos espacios para su intensa música, de un carácter muy visual.

Principales colaboradores (wikipedia)

Keith Jarrett

Discografía (incompleta, de wikipedia)

Read Full Post »

Lover man

Fine & Mellow 1957

My man

Strange fruit

Southern trees bear strange fruit
Blood on the leaves
Blood at the root
Black bodies swinging in the southern breeze
Strange fruit hanging from the poplar trees
Pastoral scene of the gallant south
The bulging eyes and the twisted mouth
The scent of magnolia sweet and fresh
Then the sudden smell of burning flesh
Here is a fruit for the crows to pluck
for the rain to gather
for the wind to suck
for the sun to rot
for the tree to drop
Here is a strange and bitter crop

Composed by Abel Meeropol

[En los árboles del Sur frutos extraños,

sangre en las hojas,

sangre en la raíz:

cuerpos negros se balancean a la brisa del Sur.

Fruto extraño cuelga de los álamos,

bucólica escena del Sur galante.

Ojos reventados, labios rotos

entre el aroma dulce de las magnolias

y el repentino olor a carne quemada.

Es una fruta que arrancarán los cuervos,

que lamerá la lluvia,

que esparcirá el viento,

que pudrirá el sol,

y  ya madura caerá del árbol.

Es una extraña y amarga cosecha.]

What A Little Moonlight Can Do

Billie Holiday & Louis Armstrong

Billie Holiday & Louis Armstrong

La amarga fruta de Billie Holiday

Doce versos que denunciaban los linchamientos de personas negras se convirtieron en una de las canciones más famosas del jazz. La interpretación de ‘Strange fruit’ por parte de Billie Holiday marcó un punto y aparte en la cultura popular.

IRENE G. RUBIO

Miércoles 11 de noviembre de 2009.  Número 113

Las versiones son contradictorias, pero todas coinciden en la escena del crimen y apuntan a tres protagonistas. Un día, a principios de 1939, Abel Meeropol, alias Lewis Allan, entró en el Café Society de Nueva York con un poema bajo el brazo. Allí se encontraban el dueño, Barney Josephson, y la estrella del local, una cantante de 24 años llamada Billie Holiday.

El poema, Strange fruit, basado en el linchamiento de negros, se convirtió en una de las primeras canciones protesta negras y marcó un antes y un después en la cultura popular norteamericana.

A partir de aquí, la conversión del poema en una canción de éxito tiene una maternidad bastante discutida y está rodeada de rumores, mitos y medias verdades. Algunos de sus protagonistas han sido olvidados con el tiempo; otros han sido enterradas bajo una montaña de prejuicios.

Abel Meeropol, profesor de un instituto del Bronx, llevaba una doble vida como miembro del partido comunista. Poeta y escritor, firmaba sus obras como Lewis Allan; escribió Strange Fruit en 1935, impactado por la fotografía de un linchamiento.

Más tarde el poema se convirtió en una canción que se interpretaba con regularidad en círculos izquierdistas; de hecho, hubo una cantante negra, Laura Duncan, que interpretó la canción mucho antes de que Holiday la hiciera famosa.

Los libros de historia recuerdan a Meeropol porque se hizo cargo de los hijos de Ethel y Julius Rosenberg, matrimonio de judíos comunistas ejecutados en la silla eléctrica bajo la acusación de espionaje. Aunque abandonó el partido en 1947, Meeropol fue espiado por el FBI durante casi toda su vida. Cuando murió en 1986, enfermo de Alzheimer, Strange fruit sonó en su funeral.

El sitio equivocado, la gente correcta
Barney Josephson era el dueño del Café Society, el primer club de jazz no segregado donde personas de todas las razas podían mezclarse en la audiencia. De origen letón y querencias izquierdistas, era un novato en el negocio musical; hasta entonces había trabajado en zapaterías. Fundó el Café Society en 1938 inspirado en los cabarets europeos, con el lema “El sitio equivocado para la gente correcta”.

Pronto, una clientela de estudiantes, sindicalistas, intelectuales y amantes del jazz llenó el local, que contaba con el asesoramiento musical del mítico John Hammond, productor e impulsor de las carreras de Billie Holiday, Count Basie o Benny Goodman. En definitiva, era el lugar ideal para estrenar Strange Fruit, una canción que, según contaba Josephson, fue él quien incluyó en el repertorio de Holiday y auspició en su local.

El Café Society era algo demasiado bonito para durar mucho tiempo. En 1947 Leon, el hermano de Josephson, fue condenado por el Comité de Actividades Antiamericanas por comunista. Los ataques se extendieron a toda su familia y la asistencia al Café Society bajó radicalmente; el local quebró y tuvo que cerrar. Más tarde, Josephson fundó una pequeña hamburguesería que acabó convirtiéndose en una exitosa cadena de restaurantes…

El blues de Lady Day
Sin embargo, quien se suele llevar la peor parte en esta historia es Billie Holiday. Aunque parece ser que no fue ella quien musicó el poema, su interpretación dio vida a los versos, de modo que hoy la canción no sería lo mismo sin Holiday. A pesar de esto, la mayoría de las versiones de lo sucedido minimizan su labor y hablan de una mujer ignorante y pasiva que ni siquiera comprendía el contenido de la letra.

Como señala Angela Davis en Blues legacies and black feminism, la imagen que se tiene de Billie Holiday “se apoya en información biográfica sobre su vida personal a expensas de un reconocimiento de su papel como productora cultural, lo que es, después de todo, la razón de su imperecedera importancia”.

Leer sobre la vida y obra de Holiday es leer la historia de una víctima; su autobiografía, Lady sings the blues (escrita con William Dufty), muestra en cambio una imagen bien distinta. Holiday se retrata como una mujer hecha a sí misma que consiguió salir adelante en las circunstancias más terribles, y cuenta sus andanzas con una divertida mezcla de orgullo y chulería. Una pequeña muestra: “Cuando mamá y yo nos reunimos (…) en Harlem, la Depresión ya había empezado. Al menos eso oímos decir. Para nosotras una depresión no era nada nuevo: siempre la habíamos tenido”.

La Billie Holiday que se encontró con Meeropol y Josephson en el Café Society había vivido, con 24 años, el equivalente a varias vidas. Hija de una madre adolescente, tras sufrir la pobreza, la prisión y los oficios más duros, de prostituta a criada, había conseguido labrarse una carrera como cantante trabajando a destajo en clubes y realizando giras agotadoras.

Y sabía muy bien lo que era el racismo. Si la experiencia de ser negra en una sociedad segregada no era suficiente, su gira con la orquesta de Artie Shaw por el Sur, en la que hasta el simple hecho de parar a comer o dormir en un hotel era un problema por el color de su piel, le había dejado las cosas bien claras. Dos años antes, su padre, trompetista, había muerto tras deambular enfermo por varios hospitales de Dallas que se negaban a admitirle por negro.

Quizás, el talento de Holiday como cantante fue trasladar su experiencia a sus interpretaciones, insuflando un aliento de vida y verdad a cada verso que cantaba. Como observa Angela Davis, era capaz de dotar de profundidad e ironía a las canciones sentimentales que le endilgaban, desviándolas muchas veces de las intenciones originales del autor. En una época en que los negros recibían el peor material musical, “su genialidad fue dar una forma estética a sus experiencias vitales que las convertía en ventanas a través de las que otras mujeres podían examinar críticamente sus propias vidas.

Ofreció a otras mujeres la posibilidad de comprender las contradicciones sociales que encarnaban y representaban en sus vidas –una comprensión que ella nunca logró en su propia vida–”, cuenta Davis.

El mero hecho de cantar Strange fruit demuestra un tremendo coraje por parte de Holiday. Al hacerla suya y convertirla en un elemento central de su repertorio, a pesar de las resistencias de su discográfica, de las suspicacias de las audiencias, del boicot de muchas radios, Holiday hizo su particular posicionamiento político.

Angela Davis lo dice mucho mejor: su interpretación de Strange fruit “cambió casi a solas la política de la cultura popular americana, puso los elementos de protesta y resistencia de nuevo en el centro de la cultura musical negra contemporánea”

https://www.diagonalperiodico.net/La-amarga-fruta-de-Billie-Holiday.html

Read Full Post »